Foto de la expo que he visto: "LA PAPA. UN BANQUETE ETERNO" de Jean Loius GonterreHoy en Perú 21, columna de Guillermo Giacosa:
Eduardo Galeano recibió, el 3 de julio de 2008, el título de Ciudadano Ilustre del Mercosur. Creo que fue un pretexto para disfrutar una vez más de su palabra. Sus relatos condensan sentimientos tan profundos que, a veces, es imposible leerlos sin hacer una pausa para que la respiración retome su ritmo.
Contó muchas historias ligadas al dolor de esta región a la que yo siempre quisiera seguir llamando la Patria Grande, a pesar que hoy son tantos los que están dispuestos a rematarla implorando a los buitres que revolotean a su alrededor que bajen a consumar su festín. Pero los pueblos, empecinados en no volverse invisibles, siguen allí con una terquedad que los teóricos del mercado no solo no comprenden sino que combaten, como si en ello se les fuera la vida. Quizá sea así no porque nadie quiera matarlos sino, simplemente, porque para ellos no hay vida sin dividendos, ni patria de la que no se sientan dueños, mientras otros los miran comer.
Dice Galeano que “nuestra región es rica en paradojas” y relata, entre otras muchas, esta historia de Bolivia: Corre 1978, tiempo en que “cinco mujeres voltearon una dictadura militar. Paradójicamente, toda Bolivia se burló de ellas cuando iniciaron su huelga de hambre. Paradójicamente, toda Bolivia terminó ayunando con ellas, hasta que la dictadura cayó. Yo había conocido a una de esas cinco porfiadas, Domitila Barrios, en el pueblo minero de Llallagua. En una asamblea de obreros de las minas, todos hombres, ella se había alzado y había hecho callar a todos. Quiero decirles estito –había dicho–; nuestro enemigo principal no es el imperialismo, ni la burguesía, ni la burocracia. Nuestro enemigo principal es el miedo y lo llevamos adentro.
Y, años después, reencontré a Domitila en Estocolmo. La habían echado de Bolivia y ella había marchado al exilio con sus siete hijos. Domitila estaba muy agradecida de la solidaridad de los suecos y les admiraba la libertad pero ellos le daban pena, tan solitos que estaban, bebiendo solos, comiendo solos, hablando solos. Y les daba consejos: No sean bobos, les decía; júntense. Nosotros, allá en Bolivia, nos juntamos. Aunque sea para pelearnos nos juntamos.
Y cuánta razón tenía. Porque, digo yo: ¿existen los dientes, si no se juntan en la boca? ¿Existen los dedos, si no se juntan en la mano? Juntarnos: y no solo para defender el precio de nuestros productos sino, también, y sobre todo, para defender el valor de nuestros derechos. Bien juntos están, aunque de vez en cuando simulen riñas y disputas, los pocos países ricos que ejercen la arrogancia sobre todos los demás. Su riqueza come pobreza y su arrogancia come miedo. Hace bien poquito, pongamos por caso, Europa aprobó la ley que convierte a los inmigrantes en criminales. Paradoja de paradojas: Europa, que durante siglos ha invadido el mundo, cierra la puerta en las narices de los invadidos, cuando le retribuyen la visita. Y esa ley se ha promulgado con una asombrosa impunidad, que resultaría inexplicable si no estuviéramos acostumbrados a ser comidos y a vivir con miedo”.